No sé qué pensaréis vosotros, pero a veces me avergüenzo de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Estudié Psicología, más que nada porque creí que ello me ayudaría a entender un poco mejor lo que nos mueve a nosotros, los humanos, ser aquello que somos, lo que somos. Lo que ,en definitiva, aprendí allí, es lo que no somos, amén de otras cosas que preferiría no mencionar.
Vivimos en un mundo extremadamente cruel, inhumano, insensible, en donde se aplasta y aniquila a otros por razones tan poderosas como el Dinero o el Poder, sin piedad alguna. Un colega mío dijo que existen dos clases de individuos: Los que son "presas potenciales" y los "cazadores", y remachó..."más nos vale acabar en el bando correcto". El Engaño y la Mentira rigen todo nuestro mundo y se pretende que actuemos ignorando nuestras creencias, como autómatas. Tampoco existen ni la Solidaridad ni el Altruísmo, salvo en manos de unos pocos que aún tienen conciencia, y no me refiero con ello a las "Organizaciones Humanitarias", que tienen más bien poco de "humanitario" y en las que priman (cómo no) los intereses económicos. Lo sé, porque desistí de incorporarme a una cuando ví lo que se "tejía" en ella.
QUÉ ASCO.......
Yo no voy a autoeliminarme de esta crítica. Muchas veces, he visto a gente realmente necesitada y ni siquiera se me planteó la idea de echarles una mano, y me avergüenza admitirlo, pero hace años, sucedieron dos cosas que me hicieron cambiar de opinión. Una de mis hermanas sufrió un grave atropello que a punto estuvo de acabar con su vida, y digo esto, porque la gran multitud de gente que se arremolinó alrededor de ella se limitó a mirarla...así, sin más, pero nadie se acercó ni siquiera a darle palabras de ánimo. Tuvo que ser una cría la que llamó al 112 para que viniesen a buscarla en ambulancia...
Si eso es humanidad, vomito sobre esa humanidad.
La otra fue en un Centro de Discapacitados de Rubín. Quien no haya trabajado con esa gente, no sabe lo duro que puede llegar a ser el encontrarse que bajo esa discapacidad laten unos sentimientos y unos niveles de conciencia que asustan. Me dí cuenta el día en que estaban estipuladas varias visitas en el Centro. Las caras de los que no recibían ninguna lo decían todo, y esas lágrimas en algunos de ellos...es algo duro, muy duro, porque sientes una impotencia total. Quisieras abrazarles, decirles "¡Que se vayan a la mierda las visitas!, total, cuando vienen, si vienen, te ignoran como si no existieses...", pero sé que serviría de muy poco. He visto dolor, amargura, la hipocresía en las caras de algunos de los familiares, y la bondad y nobleza de corazón en los rostros y actitudes de otros, en fin...podría pasarme horas narrando cuanto ví y viví allí, y quizá lo haga en alguna ocasión, pero no ahora.
A veces quisiera abandonar todo esto e irme a un lugar en el que no imperen las fastidiosas reglas que rigen esta sociedad, pero, por pequeño que sea, siempre encuentro algún motivo para mantener la poquísima ilusión y esperanza que aún queda en mi corazón. Son las pequeñas cosas de la vida las que nos hacen ser lo que cada uno de nosotros es, nuestra individualidad, y al diablo todos los clichés, modas y gilipolleces con la que se nos bombardea constantemente.
¿Qué es lo que creo?...vive y deja vivir, y al diablo lo que otros digan, y si para ello hay que mantenerse al margen de toda esta locura, pues adelante, pero nunca, nunca, perder la esperanza de un mundo mejor, porque a veces es lo único por lo que merece la pena luchar
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